Ya he hablado varias veces sobre los beneficios de incluir algas en la dieta diaria.
Cuando hablamos de algas, no solamente nos referimos a las grandes plantaciones de “verduras” que habitan en el mar y que sirven como base de la alimentación en algunas cocinas orientales (japonesa y/o Macrobiótica).
También existen unas algas unicelulares (también comestibles) menos conocidas por lo menos en cuanto a su uso en la cocina, pero cada vez más utilizadas como complemento para preservar la salud.
Hoy voy a hablar de una de ellas. La Chlorella. La palabra «chloros» significa en griego verde, mientras que «ella» significa en latín pequeña.
Se trata de un alga esférica de agua dulce, unicelular, de color verde y de unas 6 milésimas de milímetro de diámetro (microscópica).
La Chlorella forma parte de la familia de las microalgas de agua dulce que aparecieron en nuestro planeta hace aproximadamente dos mil millones y medio de años. Su color es un verde fuerte debido a su elevado contenido en clorofila.
Reconocida hoy por ser una auténtica mezcla de preciados componentes para el organismo, es cada vez más utilizada como complemento alimenticio para preservar la salud.


