Tendemos a pensar en los frutos del bosque o bayas silvestres como un capricho o dulce al inicio de la jornada, o como postre después de comer o cenar, pero ¿Porqué limitarse?
Cuando la temporada de los frutos del bosque está comenzando (y a un precio sensacional en los mercados), ¿Por qué no mezclarlos con los cereales de la mañana, müesli, tartas o demás productos horneados, o bien añadirlos en sopas, ensaladas, salsas y hasta vincularlos con quesos salados y otros snacks para un aperitivo inesperado? Sí. Son muy apreciados en la gastronomía por el toque de sofisticación que pueden aportar a los platos.
Los frutos del bosque ofrecen mucho más que una fruta de verano y nos ofrecen una gran versatilidad (tanto en la cocina como en nutrientes). Las moras son ricas en vitamina C y manganeso y una buena fuente de fibra dietética. Los arándanos son ricos en vitamina C, vitamina K y manganeso y una buena fuente de fibra dietética. Las frambuesas son ricas en vitamina C, manganeso y fibra dietética… y así podríamos continuar (más abajo ya hablaré sobre cada una de ellas con más detalle).
Elegid frutos del bosque que sean firmes, secos y tengan un color uniforme. Debido a que son altamente perecederos, deben comerse al tiempo (de comerlas) o congelarlas poco después de su compra.
Las cualidades gustativas y medicinales de los frutos del bosque y especialmente de las bayas rojas, como la grosella, el mirtillo y la frambuesa, son famosas desde la antigüedad. No sólo tienen un sabor delicioso sino que son también fuente de belleza para la piel y para la salud.
Contienen vitaminas, minerales y antioxidantes, entre los que cabe destacar las antocianinas (flavonoides) que son las que les proporcionan esos colores rojizos tan peculiares.
Algunas de las bayas silvestres más populares son:




