La piel sensible es un tipo de piel, tal como la piel seca, mixta, grasa o normal (cada vez hay menos personas que se puedan englobar dentro de este apartado, ya que casi nadie tiene la piel “normal”). Su característica principal es la hipersensibilidad cutánea usualmente causada por alguno de los siguientes factores:
1.- algún agente externo que causa reacción o alergia en la piel,
2.- algún factor hereditario, causando muchas veces couperosis, dermatitis o piel atópica,
3.- o causa idiomática, es decir, cuando la piel se irrita por algunos factores o causas externos, como por ejemplo en casos de alergia o intolerancia a alguno de los ingredientes en la formulación en cosmética e higiene (níquel, fragancias, conservantes, parabenes, parafinas, etcétera).
La piel sensible no es una enfermedad, ni una patología, ni un castigo. Solamente es una tipo de piel que necesita de mucha más atención que cualquier otra, (además del tratamiento que haya indicado el dermatólogo, ¡por supuesto!) por lo que corrigiendo algunos actos diarios y tomando ciertas medidas podemos evitar sus inconvenientes (rojeces, sensación de calor, granitos, escozor, etcétera).
Algunas de las medidas para evitar que la piel se irrite y sufra algún brote de sensibilidad son las siguientes:

