Las casualidades de la vida (últimamente muchas casualidades rondan a mi alrededor) han hecho que tenga que visitar al dermatólogo a mis 40 años, por acné.

Desde hace unos quince días aproximadamente, tengo unos «bultitos» rojos en la barbilla y en la parte trasera del cuello, imposibles de eliminar con ninguno de los fantásticos tratamientos cosméticos que suelo usar.

Por esa causa, decidí ponerme en manos de un buen dermatólogo, y quién mejor que un gran amante de su profesión.  Nada más verme, el doctor me diagnosticó el problema: dermatitis perioral ó acné de la azafata (como se le conoce coloquialmente en el argot médico).  No os podéis imaginar la sonrisa que salió de mis labios cuando oí sus palabras: ¿Acné de la azafata?, le pregunté.

Según el dermatólogo, las azafatas como consecuencia de los horarios irregulares que sufren debido a su trabajo, no duermen según un ciclo normal de sueño, ni a las mismas horas. Un día pueden dormir siete horas, otro día pueden dormir diez y otro pueden dormir seis, muchas veces siguiendo diferentes horarios.

Esa irregularidad y alteración dentro de sus ciclos de sueño, hace que se les dispare la hormona ACTH, una hormona polipeptídica  producida por la hipófisis y que estimula a las glándulas suprarrenales. Como consecuencia de ello, es común que sufran problemas hiperproducción de sebo, teniendo el pelo más graso y sufriendo a veces problemas en la piel (comedones, pápulas y pústulas, etc..), entre otros….

Sí, efectivamente este ha sido mi problema. Aunque no trabajo como azafata (pero lo fui en mis años mozos), mis horarios irregulares debido a cuestiones laborales, han hecho que mis ciclos de sueño no sean correctos, ni en cuanto a horas diarias dormidas, ni en cuanto a regularidad de efectuarlas.

Un día puedo estar trabajando hasta las tres de la madrugada (¿de dónde os creéis que a veces saco tiempo para escribir mi blog?), otros días me acuesto a las diez ya que estoy muerta de cansancio (eso suele pasar en las jornadas maratonianas de Pilates, Yoga y Yoguilates), y muchos fines de semana hago “curas de sueño” para recuperar todas las horas que he dormido de menos durante la semana, aunque siempre que tengo la oportunidad, dedico un ratito de mi tiempo a una reparadora siesta!!! (también en horario irregular, ya que a veces la hago de seis a siete de la tarde, otros días de cinco a cinco y media, etc…).

Todo eso me ha pasado factura, bueno, «facturilla», ya que el tema tampoco es tan grave. Solamente debo intentar regularizar mis ciclos de sueño (ya estoy en ello), y seguir un tratamiento que ya he empezado y que maravillosamente está haciendo que mis “granitos” se evaporen como por arte de magia.

Pero eso no es todo.  Voy a empezar unas sesiones de microdermoabrasión (peeling químico) para  regenerar y mejorar la calidad de las capas superficiales de mi piel, (pero eso ya lo explicaré en otro post).

También tengo pensado ponerme en manos de su equipo para otros tratamientos dermatológicos cosméticos de última generación, de los cuales ya os iré explicando (en capítulos) ¿Os parece?

Besos desde mi blog!!!

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