Comer habas y guisantes frescos de temporada, recién desenvainados, es todo un placer. A veces, puede dar algo de pereza desgranar sus vainas, ya que durante gran parte del año comemos los guisantes y las habas congeladas (también están deliciosas y conservan su poder nutricional), pero el sabor de las habas y guisantes frescos no tiene ni punto de comparación. Son mucho más tiernos y sabrosos, tanto, que nosotras hasta nos los comemos crudos a modo de snack. ¿Porqué no? Tienen muchísimas propiedades.
Los guisantes frescos aportan muchas proteínas, hidratos de carbono y agua (el 78%). Entre otros de sus nutrientes conviene destacar el aporte de vitamina A (en forma de betacaroteno), niacina, ácido ascórbico, tiamina (vitamina B-1), riboflavina (vitamina B-2), y minerales como potasio, fósforo, calcio, sodio, hierro, entre otros. Son una buena fuente de fibra y antioxidantes.
