Son muchos los entusiastas del chocolate y muchos más los que se rinden totalmente a su poderosa atracción (me incluyo entre ellos).

El chocolate es un producto único, rodeado de cierto exotismo, que tiene el encanto de ser el complemento ideal para acompañar los momentos más dulces de la vida (Para los que no sepan que regalar en San Valentín, unos bombones son un regalo que siempre queda bien).

Saborear el chocolate es todo un arte que permite disfrutar de sus variedades, aromas y sabores. Como con el vino, cuando se toma

chocolate, entran en juego los cinco sentidos: se debe valorar su color y su acabado, notar el aroma que desprende y que se acentúa al trocearlo (con ese ruido seco y limpio que todos conocemos), paladear el gusto deliciosamente amargo suavizado por el azúcar, y finalmente, disfrutar de su agradable textura que nos llena la boca con su peculiar sabor.

No hace falta ser muy inteligente para comer chocolate, pero si para saborearlo correctamente: se tiene que dejar que se deshaga en la boca un poquito antes de romperlo con los dientes, y entonces esperar que se funda lentamente haciendo presión entre la lengua y el paladar.

De esta manera, paseándolo por la boca, notaremos como nos invade su sabor.

Es muy importante conservar el chocolate adecuadamente: se debe prescindir del frigorífico y se debe guardar en un lugar fresco, teniéndolo siempre alejado de los olores fuertes, ya pueden alterar su aroma natural. La temperatura ideal de conservación es entre los 16º y 20º.

Como curiosidad: la teobromina que contiene el chocolate es un estimulante de las células del cerebro, pero mucho menos excitante que el café, por lo que es un refuerzo ideal de la dieta diaria, sobretodo en la gente mayor y los niños, aunque se debe ir con cuidado de no abusar en las cantidades.

Besos desde mi blog!!!

Fuente:  www.cacaosampaka.com