Hace unos días que estoy menos inspirada en escribir mis temas de siempre. Supongo que en parte es por la situación que estoy viviendo. Tengo a mi hija de 14 años en casa, desmotivada para hacer cualquier actividad que no sea actualizar su Fotolog o el de sus amigos chatear en el Messenger, hablar por teléfono o estar con sus amigas en casa o por la calle.

Hasta el año pasado, ella disfrutaba  de alguno de los talleres de verano que hay en Barcelona. La mayor parte de éstos son para niños de 6 a 12 ó de 8 a 14 años, y el año pasado ya se veía mayor en el grupo, por lo que este año se ha negado a ir porque se considera mayor para esas cosas de «niños».

Este año le ofrecí la posibilidad de ir a un campamento de idiomas o deportes para

jóvenes de 14 a 17 años, pero se negó en rotundo, alegando entre otras causas que no le apetecía estudiar durante el verano (ha aprobado el curso con buenas notas), que no conocía a nadie y que le daba corte ir con desconocidos. No insistí, porque viendo el percal que tiene la juventud hoy en día, vete tu a saber como vuelve la niña después de estar quince días fuera de casa…. Algunas de las leyendas urbanas que me han explicado mis amigas son que sus hijos han vuelto de la operación post-campamento con piojos, fumando, con actitud contestona-rebotada y algunos de ellos han confesado a sus padres que el alcohol y las juergas nocturnas no controladas por los monitores eran el pan de cada día. No quiero decir que esto ocurra en todos los campamentos ni mucho menos, debido a que tengo amigas que por otra parte me han explicado maravillas de los mismos, pero la lotería de que tu hija se junte con algún/a promotor de la «juerga «siempre puede estar presente, y más en estas edades tan criticas.

Estos días he tenido «acogidas» a varias niñas en casa, y sus diabluras han sido de todo tipo, desde dejar la puerta del congelador abierta y encontrarme un gran charco de agua en el suelo de la cocina con toda la comida descongelada justo para ser tirada a la basura,  encontrarme colillas en la terraza, descubrir montañas de  ropa sucia y restos de comida amontonados en los cajones y armarios, ver el suelo de toda la casa «a lo Hansel y Gretel» con rastros de corn flakes por todo el piso, o encontrar el suelo del cuarto de baño redecorado por una obra de arte «kirsch» realizada a base lápiz Kohl de ojos color negro, más unas «originales» ralladas, manchas, pegotes y huellas de dedos negros en las puertas y espejos. O sea toda la casa al más puro estilo «Mironiano»..

Cuando se juntan dos ó más adolescentes pueden ser un «terremoto»…. Os lo aseguro.

 

Esto ha sucedido hasta que me he cuadrado con ellas. Creo que es necesario que los jóvenes tengan la costumbre de ser ordenados, colaborar en las tareas del hogar,o al menos aprender e intentarlo. Mi hija, sola, no me había hecho estas cosas. Es ordenada y responsable a su manera, pero cuando ha estado acompañada, se ha convertido en cómplice de Mr. Hide, lo que no lo digo para disculparla ni mucho menos.

Total, que en vista del éxito, y para tenerla «entretenida» durante una semanita, he acabado apuntándola  a un taller de maquillaje para jóvenes, y a partir de la semana próxima estoy dando voces de alguien que necesite algún «ayudante/canguro/ paseador de perros/ o lo que sea» por el barrio, (vivimos en el Eixample Izquierdo de Bcn). ¿Alguno de vosotros conocéis de alguien que pueda necesitar estos servicios? Ella está encantada con la idea, ya que la otra opción que tiene es la de ir cada día a la playa, pero la pobre tiene piel tan blanca, que hasta con protección 50 ó 60 se quema si está mucho rato expuesta al sol….. (es que el sol de Bcn es criminal). Ya os explicaré como ha acabado la aventura del verano….

Y vosotros, ¿Qué hacéis con vuestros hijos adolescentes en sus vacaciones escolares?

¿Tenéis el mismo problema que tengo yo?¿Mi hija y sus amigas son un caso aislado? Estaré encantada de leer vuestros consejos y comentarios. 

 

Besos desde mi blog!!!