No nos engañemos, el organismo va deteriorándose con el paso de los años.

Una persona de veinte años no suele tener la misma predisposición y energía física que una de sesenta, pero adoptando algunas medidas preventivas cuando se es joven (!ojo! no estoy diciendo que una persona de sesenta años sea «vieja»), pueden ayudar a frenar el envejecimiento de las células y a vivir en unas mejores condiciones durante más años (¿hasta los 95 años? ¿100 años? ¿o quizá 110 años? ¿…..?).

Las causas más habituales que contribuyen a acelerar el envejecimiento son:

Una alimentación inadecuada (exceso de grasas saturadas, colesterol, azúcar, alimentos precocinados, etc..)

Los radicales libres

La obesidad

La falta de horas de sueño

El abuso de fármacos

El tabaco y el alcohol

La vida sedentaria

El estrés y la ansiedad

Las emociones y pensamientos negativos

Otros factores externos que también contribuyen a restar años a nuestra lozanía son la contaminación de las ciudades, el abuso de las radiaciones solares en exceso (¡ojo! con el sol de invierno, que también puede quemar la piel…) y los campos magnéticos (móviles, microondas, etc.)

¿Pero? …. ¿qué podemos hacer para evitarlo? Resumiendo y a modo general,  las pautas que os ayudarán a vivir más y mejor son las siguientes:

Alimentarse bien para vivir más tiempo. La dieta mediterránea es un buen ejemplo para seguir una alimentación sana. Mucha fruta, verdura y legumbres. Pan, patatas, pasta, arroz, aceite de oliva y productos lácteos (a poder ser de procedencia biológica) deben abundar en nuestra despensa. Otro gran aliado es el pescado azul, rico en ácidos Omega 3 (por ejemplo las sardinas, el atún, la caballa, etc.)

Mantener un peso adecuado. Si se quiere adelgazar, es mejor evitar las dietas hipocalóricas. En lugar de ello, una dieta personalizada y equilibrada nos ayudará a mantener el peso adecuado sin riesgos para nuestra salud.

Desintoxicar el organismo. Elegir alimentos desintoxicantes (por ejemplo la alcachofa, el apio y el limón). Beber té rojo y verde. Incluir algas en la dieta diaria.

Eliminar el estrés. Dedicar unos minutos al día a meditar, a estar con nosotros mismos, leer, pintar o realizar algún hobbie que os agrade, etc… puede aportaros muchos más beneficios de los que os podéis imaginar.

Practicar correctamente una actividad física. Combinar adecuadamente un programa de ejercicios de tonificación muscular, cardiovasculares y estiramientos, ayudarán a que vuestro cuerpo se mantenga sano y fuerte. Pero, ¡ojo! sed cautos a la hora de ejecutar vuestros ejercicios, ya que unas malas pautas de entrenamiento o abusar de una actividad física agotadora, puede provocar contracturas y lesiones en el organismo.

Mantener una actitud mental positiva. Aceptar nuestro cuerpo tal como es. Aumentar la autoestima, controlar las emociones y cultivar el optimismo. (Una receta sencilla y barata es sonreír cada día).

Adoptar unas sanas costumbres. Dejar de fumar, dormir más y mejor, o aprender a respirar correctamente son algunas de las costumbres que se deben incluir en nuestra rutina diaria.

Como podéis ver la lista de deberes no es corta, pero tampoco es muy difícil de poner en práctica!!!!!. ¿Os animáis a empezar? Estaré encantada de leer vuestros comentarios