Aprovechando esta ola de frío que está invadiendo España, Europa y otras partes del mundo, hoy voy a hablar de una “pócima” maravillosa para prevenir y tratar la piel, (incluyendo los labios y hasta el cabello), de las adversidades del tiempo que, a no ser que nos protejamos bien, hacen mella en la piel. Esta maravilla en cuestión se trata de la manteca de Karité.
La manteca de Karité (en inglés “Shea butter“) es una grasa extraída del fruto maduro que produce el árbol del mismo nombre, que crece en las sabanas de numerosos países del África central. (Como curiosidad, el nombre de karité significa árbol de mantequilla).
La manteca de Karité es un excelente regenerador celular natural con grandes propiedades hidratantes, nutritivas y suavizantes adecuado para todos los tipos de piel, incluso las pieles grasas, ya que no es comedogénica (no produce granitos) y hasta las más sensibles, por sus propiedades protectoras y anti-irritantes y calmantes.
En su composición destacan los ácidos grasos insaturados, ácidos palmítico, esteárico, oleico, linoleico entre otros y un alto contenido en vitamina F, (componente imprescindible de las membranas celulares). La carencia de esta vitamina se manifiesta por la descamación en la piel y la sequedad en uñas y cabello.
Las propiedades y aplicaciones de la manteca de Karité son muchas:




