Las frutas y verduras de todo tipo, incluidas los fresones, ofrecen muchos beneficios para la salud (En este caso, nos centraremos en los antioxidantes como antocianinas y quercetina). Os recuerdo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que consumir 400 gramos de frutas y verduras al día, ya que puede reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes y hasta algunos tipos de cáncer. (Siempre va bien recordarlo)

Los fresones tienen un maravilloso contenido en nutrientes, antioxidantes (antocianinas y quercetina principalmente) lo que las convierten las reinas de la temporada (aunque se pueden encontrar todo el año en el mercado).

Uno de sus puntos a favor, es que su contenido en fructosa es muy bajo por lo que no aumentan rápidamente el azúcar en la sangre, lo que las convierte en una opción ideal para aquellos que tienen diabetes y una adición segura y deliciosa a cualquier dieta (incluido a los intolerantes a la fructosa como yo, aunque a menor escala).

Los fresones proporcionan una variedad de beneficios potenciales y pueden apoyar las defensas del cuerpo contra una variedad de enfermedades.

Uno de los antioxidantes que más contiene es antocianina, el cual se sabe que puede influir en la salud cardiovascular. El contenido de fibra y potasio en los fresones también apoya la salud del corazón.

La quercetina, otro flavonoide, que también está presente en las fresas, es un antiinflamatorio natural que parece reducir el riesgo de aterosclerosis (y en mi caso, ayuda a la salud de mis pulmones).

Estos dos poderosos antioxidantes (sobre todo las antocianinas) contenidos en los fresones son de gran ayuda para que el organismo pueda hacer frente a los radicales libres. (Hay algún escrito que sugiere que este factor podría inhibir el crecimiento tumoral y disminuir la inflamación en el cuerpo. Pero no puedo sostener esta base científicamente)

Si bien ninguna fruta actúa como un tratamiento directo para el cáncer, los fresones y frutas similares (fresas, bayas, frutos rojos y del bosque) pueden ayudar a reducir el riesgo de que algunas personas desarrollen la enfermedad.

Pero volvamos al tema principal, gracias a su alto contenido de potasio, los fresones pueden proporcionar beneficios para las personas que tienen un mayor riesgo de hipertensión al ayudar a compensar los efectos del sodio en el cuerpo.

Una baja ingesta de potasio es un factor de riesgo tan importante para la presión arterial alta como la ingesta alta de sodio.

Por ello, los fresones son una forma dulce y excelente consumir más potasio en nuestra dieta diaria

Comer alimentos como fresones, uvas, sandía y melón con alto contenido de agua y fibra puede ayudar a hidratar el cuerpo y mantener los movimientos intestinales regulares. La fibra soluble contenida en la fruta es esencial para minimizar el estreñimiento y agregar volumen a las heces.

Los fresones son una opción de fruta saludable para las personas con diabetes. El contenido sustancial de fibra que contienen también ayuda a regular el azúcar en la sangre y mantenerlo estable al evitar altibajos extremos. (Ideal también para deportistas y personas con ansiedad por comer).

La fibra soluble puede mejorar la saciedad, ayudando a que nos sintamos más llenos  (y sin apetito) por más tiempo después de comer. Esto puede reducir la necesidad de comer entre comidas, lo que respaldará el control de la glucosa y reducirá el riesgo de picos de azúcar en la sangre. (Otra opción muy a tener en cuenta en las personas que tienen picos de «hambre emocional» o necesidad de tomar dulce)

Son una muy buena fuente de vitamina C, en menor proporción, vitamina E, minerales como el potasio, el magnesio o el calcio, y flavonoides, lo que las convierte en una de las frutas antioxidantes por excelencia.

¿No os parecen suficientes razones como para tomar fresones a diario?