Varios de vosotros me habéis pedido que hable sobre los azúcares y los hidratos de carbono, por lo que en este post voy a hacer una pequeña introducción básica y espero que «entendible» para todos.

Veamos:

Empecemos por el principio y para no crear confusiones: los carbohidratos, hidratos de carbono y los azúcares son lo mismo.

Los hay simples y compuestos (o complejos), aunque coloquialmente hablando, podríamos llamarles azúcares “buenos y/o malos” en función de como afectan al organismo, una vez éstos son digeridos.

Según el Indice Glucémico (IG) de los alimentos, el cual clasifica a los alimentos que son fuente de carbohidratos, basándose en el efecto que tengan éstos sobre el azúcar de la sangre y niveles de hormona insulina, los carbohidratos “buenos” son aquellos que no elevan tanto el azúcar en la sangre, promoviendo la quema o gasto de grasa corporal, en lugar de guardarla.

Para mi, uno de los “reyes” de los azúcares simples o “malos” (en el buen sentido de la palabra) es el azúcar de mesa, ya sea blanco o moreno, ya que además de tener un índice glicémico alto, el azúcar de mesa es una importante fuente de calorías vacías, ya que carece completamente de vitaminas y minerales.

Cuando consumimos azúcar de mesa, (en cualquiera de sus formas), éste pasa rápidamente a la sangre (en forma de glucosa) casi sin ser digerido por el estomago.

El exceso de glucosa en sangre es retirado por la insulina, la hormona segregada por el páncreas que se encarga de regular el nivel del azúcar en la sangre.

La glucosa retirada por la insulina, se transforma en células musculares llamadas glucógeno que se almacenan en el hígado y en la musculatura.

Nuestros músculos necesitan un máximo de doscientos gramos, por lo que todo el glucógeno sobrante se almacenará en forma de grasa. (De ahí que nos engordemos…)

Por otra parte, la glucosa en sangre también sirve para alimentar el cerebro, el cual no puede almacenarlo directamente, por lo que nuestro organismo siempre debe tener una cantidad de glucosa en sangre constante para que pueda abastecer al cerebro paulatinamente. (¡Ojo con las dietas hiperproteicas en las que no se ingieren hidratos de carbono!)

Por el contrario, si tomamos hidratos de carbono compuestos “o buenos” con un índice glicémico bajo, como por ejemplo cereales integrales, legumbres, verduras o algunas frutas (pero no todas),  éstos se descompondrán lentamente hasta llegar a convertirse en glucosa en sangre, evitando que el páncreas tenga un sobreesfuerzo para retirar los excesos, ya que esta glucosa va llegando a la sangre “gota a gota”….

¿Y vosotros? ¿Qué tipo de hidratos de carbono predomina en vuestra dieta? ¿Tomáis mucho azúcar blanco? Estaré encantada de leer vuestros comentarios en mi

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