Las mandarinas son unos de nuestros pequeños vicios en esta época del año. No están ricas, !están riquísimas!. Su dulce sabor, el tamaño “mini” y la gran facilidad y sencillez para quitar su peladura, nos induce a comer poco a poco cada uno de sus gajos, como si se tratase de una “chuche” pero mucho más saludable… y no engordan (por si alguien se lo cuestiona).
Ricas en nutrientes y bajas en calorías, las mandarinas contienen vitamina C, vitaminas del grupo B, betacaroteno (provitamina A) y ácido fólico.
En cuanto a minerales, cabe destacar su cantidad de potasio, magnesio, trazas de hierro y calcio.
Tienen propiedades antioxidantes gracias a su contenido en flavonoides y fitoquímicos que combaten la acción nociva de los radicales libres, (sustancias responsables del desarrollo de enfermedades cardiovasculares, degenerativas y algunos tipos de cáncer), convirtiéndose en un excelente aliado para prevenir resfriados, catarros, y otras dolencias típicas del invierno, (al ayudar a potenciar las defensas).


