Se habla de estrés, depresiones, crisis, decepciones, rutina, aburrimiento, etc… pero, ¿Qué pasa con los pequeños detalles cotidianos que pueden hacer la vida rutinaria un poco más llevadera? Hay cientos de pequeños detalles o pequeñeces que se hacen grandes si te paras a pensar en ellos o en lo que pueden significar para ti. Una canción, un libro, un beso, un aroma, un sabor, un te quiero, un abrazo, etc..  cada uno tiene en su escala de valores, esos pequeños placeres que le hacen o le pueden hacer disfrutar de la vida, o del día a día, si queremos ser menos profundos.

Uno de mis pequeños placeres diarios (tengo varios) es “mi momento bombón”.  Después de comer, (al mediodía suelo comer ligerito), me preparo un té con especias y a media tarde, dedico cinco minutos a saborear un bombón con “conocimiento de causa”. Aunque para este momento tan particular, no me vale cualquier bombón: tiene que ser un Lindor de chocolate con leche. No, no os penséis que este es el único bombón que me gusta, pero para mí, pero éste es especial. ¿Pero? ¿Qué tiene Lindor rojo que no tengan los demás?

Este bombón lleva un envoltorio rojo con una puntilla blanca y dorada, y tiene una forma parecida a un caramelo.  Para comerlo a una temperatura óptima, lo pongo dentro de mi puño durante quince segundos para que el chocolate tome la textura adecuada.

Seguidamente, abro el envoltorio e introduzco de un bocado la bolita de chocolate entera en la boca. Ahí empieza el festival de sabores. La fina cobertura de chocolate con leche da paso a un estallido de sabor con su corazón de cremoso chocolate. Sentir como se funde lentamente en mi boca…. Es un verdadero placer!!!  Su sabor suave y exquisito perdura en la boca durante varios minutos después de haberlo comido, (es como una dimensión diferente del chocolate).

Lo realmente difícil a veces, es conformarse con un solo bombón.  En alguna ocasión, me comería una caja entera en una tarde, pero ahí es donde entra la fuerza de voluntad y las ganas de seguir disfrutando de ese delicioso momento cada día, evitar un empacho y dolor de estómago, más el arrepentimiento y sentimiento de culpa por el atracón de calorías.

Comer un Lindor (u otro bombón) al día, no engorda. Eso lo digo por los que estéis a dieta. Pero comerse cinco o seis, si que os puede generar una batalla con la báscula. O sea que la elección es vuestra.

Otra de las cosas que más me gusta de Lindor rojo son sus cuidados y originales envases. Para esta campaña de Navidad, Lindt ha sacado al mercado tres nuevos formatos, cada uno de ellos diseñados para una ocasión especial.

Lindor Lata Vintage: Decorada con dos exclusivos diseños vintage con motivos típicos del invierno. Hay dos modelos diferentes ideales para coleccionar. Una vez vacía, la lata puede servir como objeto decorativo en la cocina, o bien para poner galletas, caramelos, lápices, etc.. (ahí es donde entra en marcha vuestra imaginación). En su interior se encuentran 18 bombones Lindor de chocolate (peso 225 gramos. Precio 7,99 euros).

Lindor Lazo: Compuesta por una caja de regalo de Lindor  con un elegante lazo rojo y dorado (muy fácil de deshacer, por cierto). Ideal para regalar estas navidades. En su interior hay 24 bombones Lindor de chocolate. (peso 300 gramos. Precio 7.99 euros).

Joyero Silk Lindor: En un sofisticado y elegante joyero de seda rojo decorado con cristales de Swarovsky se esconden los exquisitos bombones Lindor. Este singular formato es ideal para regalar en ocasiones especiales. (peso 300 gramos. Precio 19,99 euros). Este formato se vende exclusivamente en el Corte Ingles.

(Continuará…)

¿Y vosotros? ¿Cuál es vuestro pequeño placer cotidiano? ¿Os gustan los bombones? ¿Habéis probado los Lindor?