Desde hace una temporada, recibo diversa información sobre los supuestos beneficios de seguir una dieta sin gluten. No hace falta ir muy lejos para ver que en muchos supermercados cada vez más, hay estanterías dedicadas a alimentos sin gluten, como panes, pastas, galletas y otros preparados con cereales (sin gluten, claro).
Si a eso le añadimos, los artículos, libros y sitios web que profesan los beneficios de una alimentación libre de gluten, ya sea para adelgazar o bien para ganar energía y salud (eso es un decir), hace que algunas personas (sobre todo los deportistas y aquellos que quieren perder peso) se planteen si dejar de tomar gluten es una opción saludable para ellos.
Comer sin gluten es esencial para las personas que tienen una enfermedad celíaca (EC) o bien con problemas de intolerancia al gluten (IG) o alguna sensibilidad relacionada a ello (me incluyo en estos grupos). Eso no cabe duda. Ambos trastornos pueden causar calambres estomacales, diarrea, estreñimiento, hinchazón, y en el caso de la enfermedad celíaca, eliminar el gluten de su dieta previene los síntomas arriba descritos además de interferir con la mala absorción de nutrientes (Puedo yo misma dar fe de ello y de lo molesto que es). Pero ¿qué hay del resto de personas?
¿Pueden los deportistas o personas que quieren adelgazar (y que no tengan ningún problema de intolerancia ni alergia al gluten), esperar ningún beneficio de rendimiento de salud al dejar de tomar la proteína (gluten) presente en el trigo, espelta, avena, kamut, la cebada y el centeno?
¿Y cómo podemos medir la alcalinidad o acidez de los alimentos? El grado de alcalinidad y de acidez se mide a través de una escala de pH (potencial de hidrógeno), mediante una escala del cero 0 (ácido extremo) hasta 14 (alcalino extremo), siendo el 7 el valor base o neutro.
Es una valiosa herencia cultural, que a partir de la simplicidad y la variedad ha dado lugar a una combinación equilibrada y completa de los alimentos, basada en productos frescos, locales y de temporada en la medida de lo posible.
Pero comenzando por el principio: esta dieta se basa en las propiedades benéficas obtenidas del consumo del aceite de oliva crudo (que reduce el nivel de colesterol en sangre), fruta y verdura fresca, (ricos en vitaminas y fibra)
Si habéis respondido afirmativamente, quizá vuestro problema es debido a la acidez estomacal, un trastorno que sufre una de diez personas por lo menos una vez al mes. No se trata de un problema grave, pero sí que es muy molesto (lo sé porque yo misma lo he sufrido varias veces).
en el útero de la madre), o bien en las personas que sufren hernia de hiato o cuando hay reflujo gastroesofágico.


Haciendo un poco de historia, los nativos de Méjico en el siglo XVI ya recogían algas del cercano lago Texcoco, las maceraban y hacían con ellas pastelitos que sabían a queso. En las crónicas que recoge Bernal Díaz del Castillo sobre la conquista española de Méjico, ya hace referencia a este maravilloso manjar.


Si hace unos años nadie las conocía, la cosa ha cambiado. Las semillas de chia se han convertido en unas aliadas de la cocina moderna y healthy. Tanto por su poder aglutinante y espesante (¿Habéis probado los puddings con chia o los pasteles y/o panes con esta semilla?) como por sus excelentes propiedades nutritivas, antioxidantes y depurativas, haciendo de ellas un complemento alimenticio súper completo.
Su alto contenido en fibra (33,6%), permite aumentar el volumen del bolo fecal que transita por el tubo digestivo, lo que se debe principalmente a su capacidad para absorber agua. En consecuencia, las heces se vuelven más voluminosas y suaves, debido a la mayor hidratación.