Ya he hablado varias veces sobre ello, pero como es un tema muy recurrente en mi consulta, voy a dedicar un post más sobre el tema. Comida y emociones.
Hay un estrecho vínculo entre la comida y las emociones. De hecho, la ansiedad tiene ciertas manifestaciones físicas en el organismo que podrían explicar la mayor necesidad de comer.
La ansiedad que genera el estrés, la monotonía de una vida cotidiana (por ejemplo ahora que estamos a punto de acabar las vacaciones de verano y enfrentarnos al nuevo curso escolar o temporada otoñal, tiempo proclive para los «bajones emocionales»), las frustraciones o hasta la propia gratificación de los logros alcanzados, lleva a muchas personas a comer, para así calmar dicha sensación. ¿Os habéis sentido en esta situación alguna vez?

Es cierto que la comida alivia, pero cuando las tensiones de la vida llevan a un ataque de ansiedad, no es recomendable que la comida consumida produzca más ansiedad.
¿Pero por qué ocurre esto?
Con la ansiedad, crecen los niveles de adrenalina. Dicho aumento, reduce la capacidad para el autocontrol, lo que os puede hacer más susceptibles de seguir comportamientos malsanos como fumar más o comer demasiado. La serotonina, un neurotransmisor cerebral relacionado con el ánimo, participa en el control del apetito.
Los bajos niveles de la misma se relacionan con una mayor ansiedad por comer, sobre todo, dulces. Y ahí empieza el problema.
Otro de los principales enemigos de la ansiedad es la sensación de hambre producida por llevar muchas horas sin probar bocado.
Aquellos que desayunan escasamente, toman un almuerzo frugal y no meriendan, muchas veces llegan a la hora de la cena con un apetito feroz, (su nivel de glucosa en sangre está baja), y con la necesidad de comer compulsivamente.
Además y por lo general, en estos casos, suele apetecer comer alimentos energéticos como el chocolate. Ha comenzado el círculo vicioso.
¿Qué se puede hacer para evitarlo?
El diccionario de Oxford la define como un sentimiento o muestra de placer o satisfacción. Sin embargo, sabemos que la verdadera felicidad va más allá de una o dos risas de vez en cuando. Es un estado más sostenible de satisfacción y gratitud en nuestras vidas. Es despertar cada mañana sabiendo que hay un significado para comenzar un nuevo día.
En el pasado, tal vez te hubieras sentido radiante después de haber cazado a ese gran mamut para alimentar a tu familia, o al ver el primer brote de la semilla plantada. Hoy en día, podemos conseguir todos los alimentos que necesitamos en un supermercado, así que tenemos que ser más creativos con el propósito que da sentido a nuestras vidas y nos hacen sentir felices.
La
Para evitar este problema, es conveniente tomar una serie de precauciones en las actividades de nuestra vida cotidiana.
Vamos a repasar algunos de ellos:
El nerolí es uno de los nombres que se le atribuyen al aceite esencial que se extrae de la flor del naranjo amargo. De este mismo árbol (Citrus aurautium) también se obtienen otros dos aceites esenciales, usados en cosmética y aromaterapia: el aceite de naranja extraído de la fruta y/o cáscara de la misma, y el aceite extraído de las hojas de naranjo, o petitgrain (como se conoce en Francia).
Tradicionalmente, la flor de naranjo (o flor de azahar) simboliza la pureza, por lo que se ha utilizado durante décadas (sobre todo en los pueblos del Mediterráneo) para componer el ramo de las novias, ya que además de su simbología, el aroma de la flor de naranjo les ejercía un poder calmante que ayudaba a aliviar la tensión nerviosa del día del enlace matrimonial.
Todos (o casi todos) sabemos que vivimos en una sociedad donde nos autoexigimos demasiado, soportamos niveles de estrés que pocas veces sabemos controlar, y tenemos preocupaciones que nos hacen tensionarnos e incluso experimentar dolor.
Algunos de ellos han surgido de los tradicionales
Según la OMS, el sedentarismo es una de las diez causas más frecuentes de muerte en el mundo, y un factor clave de enfermedades no transmisibles, como el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Hay que poner remedio urgente a ello.
En la actualidad se practican en varias formas y su popularidad crece más y más en el mundo. Eso no cabe ningún lugar a duda. Pero como he dicho varias veces. Hay muchos yogas pseudo-modernos que nada tienen que ver con el yoga milenario y su filosofía. Aunque si es una manera para que las personas comiencen a hacer ejercicio, pues bienvenido sea.
La resolución aprobando el 21 de junio de 2016 como Día Internacional del Yoga, señala «la importancia de que las personas y las poblaciones adopten decisiones más saludables y modos de vida que propicien la buena salud». Y realmente cumple esas funciones y sin duda muchas más, ya que fomenta la actividad física, adaptada para todas las edades, a la vez que también propicia la salud mental, ejercitando el poder de la meditación, la calma y la relajación mediante el ejercicio.
El
Aprovechando el tema, en este post os mostraremos los beneficios para vuestra salud (cuerpo y mente) del agua marina y las zonas de playa:
Tomando como base un ejemplo, aquí en occidente, solemos elegir el
Karma Yoga:
Jñana Yoga:
Gracias al pulsómetro integrado, se puede olvidar la banda de pecho y consultar la zona de frecuencia cardíaca en tiempo real para medir los entrenamientos (Ideal para los que quieren controlar sus pulsaciones y la evolución de sus entrenamientos en una manera más detallada). Ya se pueden marcar objetivos de distancia, vueltas, intervalos… y disfrutar de un entrenador personal en la muñeca. Además, nunca se repetirá la misma ruta. A explorar nuevos lugares, pues el reloj indicará el camino de vuelta a casa (Como un compañero de running inteligente que te guía en el camino). La idea no me parece mal.
Y si se prefiere cambiar de disciplina, el reloj TomTom Runner 3 también incluye varios modos deportivos. Ya se pueden seguir midiendo todos los entrenamientos de ciclismo, cinta, natación o estilo libre para que cada actividad que se realice cuente. Pero eso no es todo:
Los que queráis profundizar sobre los diferentes ritmos y pasos de baile, quizá podéis tomar clases en alguna academia o centro. Los que tengáis niños en casa, os animo a bailar con ellos: ¡pasaréis un rato divertido, quemando calorías y recargando energía positiva!
Desde las típicas clases de dance, jazz o funkie en solitario, a los bailes de salón (en pareja o solos), ballet clásico (¿Habéis oído hablar sobre el “bodyballet” y/o “dancefit”? Ya le dedicaré un post sobre ambos), o bien podéis optar por algún ritmo más sensual o femenino como la danza del vientre, o hasta la capoeira. No es exactamente una clase de baile, pero su ejecución bien lo parece.