¿Habéis sentido un deseo irrefrenable de comerte una pastilla de chocolate, un trozo de pastel de nata o unos caramelos de fresa?
¿No os ha pasado alguna vez y con la excusa de que “me lo pide el cuerpo”, habéis sustituido la tostada o la fruta de media mañana por un croissant, magdalena o similar, acompañado además con un café con leche y un trocito de chocolate? Si sumáis estos pequeños gestos “dulces” diarios, estáis aumentando la ingesta diaria de dulces.
El término “dulce” es muy amplio, no es lo mismo comer una gominota, caramelo o una nube de azúcar, que por ejemplo unas galletas, magdalenas, natillas caseras o una pieza de fruta. A veces y en determinadas ocasiones, comemos demasiado “azúcar” escondido en otros alimentos sin darnos cuenta. El problema de la adicción a los dulces puede llegar a existir en algunas personas, aunque no sean conscientes de ello.

