El sabor del arroz salvaje es avellanado, de textura crujiente y su color es oscuro.  (Su peculiar sabor y color nos encanta en casa). Su grano es todavía más fino que el del arroz de grano largo.

¿Pensáis que estoy bromeando? ¿A que sí? Pues no, aunque pertenece a la familia de las gramíneas, el arroz salvaje no es ni arroz, ni su antepasado silvestre, sino la semilla de una planta acuática, la “zizania palustres”, que puede llegar a alcanzar hasta los tres metros de altura y que también es conocida como la “avena de agua” o “arroz indio” que crece en aguas poco profundas de algunos lagos, pantanos y corrientes de agua de América del Norte y Canadá.  Allí la recolectaban los indios Sioux y los Chippewa embarcados en canoas, agitando los tallos y recogiendo los granos en sus lienzos. Las tribus nativas lo denominaban “Manoomin” que significa “grano precioso”.

 

El arroz salvaje tiene un notable valor nutritivo, en el que destaca su alto contenido en proteínas (de 12 a 15 %) de mejor calidad que las del arroz normal por incluir entre ellas, el aminoácido “lisina”, por lo que se aconseja incluirlo en la dieta de los niños, adolescentes y adultos mayores.

Es bajo en sodio, alto en fibra y rico en cinc, ácido fólico, magnesio, potasio, cobre y vitaminas del grupo B.  Tiene menos calorías que el arroz tradicional (306 calorías) y es muy bajo en grasa, por lo que es adecuado en dietas de adelgazamiento.

Para aquellos que no se atrevan a tomarlo solo, o bien niños, embarazadas, etc.. resulta ideal para combinar con el arroz común porque eleva su calidad nutritiva y proteica.

El arroz salvaje absorbe hasta cuatro veces su propio volumen en líquido, por lo que, una pequeña cantidad cunde mucho en la cocina.

Su cocción aproximada es de unos cuarenta y cinco minutos, pero se puede dejar en remojo toda la noche, ya que de esa manera,  se ayuda a limpiarlo de impurezas (que conviene eliminar) y se reduce el tiempo de cocción a unos veinticinco minutos, aunque la cocción puede ser más o menos larga, dependiendo de si os gusta más o menos al dente.

Para cocerlo se necesita unos tres volúmenes de agua por uno de arroz.

Se pone a hervir el agua con un poco de sal y cuando ésta hierva, se agrega el arroz. Cuando vuelva a hervir se tapa la olla, se baja el fuego, y se cocina durante cuarenta y cinco minutos (a nos ser si lo se ha dejado en remojo previamente).

Es importante controlar el tiempo de cocción ya que si cuece demasiado, puede perder su sabor y su textura se vuelve más pegajosa. Cuando ha cocido, el grano del arroz salvaje suele abrirse un poco mostrando el interior blanco que contrasta con la envoltura negra, lo que lo hace muy atractivo, siendo ideal para decoración en los platos de carne, pescado, etc..

El arroz salvaje es ideal para combinar con arroz común, salteados con verduritas, semillas, frutos secos y frutas desecadas, como las uvas pasas por ejemplo.  Suele casar muy bien con salsas en las que se haya añadido un poco de mostaza.

Ah!!!… ahí va mi Gemmi-truco:  También se puede freír como si hicierais palomitas ¿Lo habéis probado alguna vez? ¿Y vosotros? ¿Cómo preparáis el arroz salvaje?

Besos desde mi blog!!!

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