Quizá puede parecer algo exagerado, pero los hábitos saludables llevados a lo largo de toda la vida, desde la infancia, son la clave de la prevención y de muchas enfermedades, desde el capital solar en la piel hasta la osteoporosis, una dolencia que se caracteriza por una reducción de la masa ósea, convirtiendo a los huesos más frágiles y en consecuencia (y a la larga), haciéndolos más propensos a sufrir una fractura.
La mayoría del hueso se forma durante la niñez y la adolescencia, por lo que para conseguir un adecuado y máximo pico de masa ósea, es necesario el consumo adecuado de calcio.
Por ello, se debe estimular el consumo diario de calcio para conservar al menos la cantidad diaria recomendada según la edad. (Y ¡ojo! Cuando hablamos de calcio no solo hablamos de leche de vaca. La intolerancia a la lactosa es cada vez más un hecho que ya trataremos en otro post. Por no hablar de los preparados lácteos o leches “sin lactosa”, que en realidad solo le han añadido lactasa, la enzima que ayuda a digerir la lactosa. Todo un cuento que ya detallaré más adelante.
Pero volviendo al tema principal sobre el calcio. Las dosis recomendadas según la edad son:
Niños 0-6 meses 500 mg de calcio al día.
Niños 6-12 meses 600 mg al día.
Niños 1-5 años 800 mg al día.
Niños 6-10 años 800 mg al día.
Niños 11-18 años: 1000-1300 mg al día.
Jóvenes adultos (hasta 24 años) 1000-1300 mg al día.
Durante la edad adulta 800-1000 mg de calcio al día.
Durante el embarazo y la lactancia 1300-1600 mg de calcio al día.
Durante la menopausia y la 3a. edad 800-1200 mg de calcio
Efectivamente, la mejor fuente de calcio es la leche y sus derivados, queso, yogur y otras leches fermentadas. La mantequilla sin embargo no. Pero como he comentado antes, no es la única fuente de calcio, y debe tenerse en cuenta la lactosa (para la gente intolerante).
Las leches desnatadas tienen la misma cantidad de este mineral que las enteras. Lógicamente las leches enriquecidas con calcio contienen una mayor cantidad de calcio asimilable por el organismo, por lo que son las más recomendables.
Los frutos secos y las legumbres son ricas en calcio pero la absorción por nuestro organismo es menor.
El sésamo y en especial el tahin, (puré de sésamo) es una excelente fuente de calcio de alta asimilación.
En cuanto a las verduras, la col o el repollo, así como las espinacas y el brócoli son una excelente fuente alternativa de calcio. Crudas o ligeramente cocidas conservan su alto valor nutricional, además de una alta aportación de calcio, tienen mucho hierro, el cual también es muy importante para el correcto funcionamiento del organismo.
Las algas y algunos pescados son otra fuente alternativa de calcio, especialmente las sardinas, el salmón, y otros pescados grasos ricos en omega 6. Pero eso no es todo:
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