Habitualmente, cuando nacemos, la columna está perfectamente alienada y nuestro cuerpo está en equilibrio. Durante la infancia, vamos aprendiendo a ser conscientes de nuestro cuerpo y de cómo funciona. Los niños pequeños suelen andar con la espalda erguida.
A medida que vamos creciendo, vamos adoptando hábitos y vicios posturales que desarmonizan esta estabilidad. La falta de ejercicio, sentarse en una mala posición o hasta algunos casos de timidez, pueden desencadenar que a partir de edades tempranas se adopten malas posturas que pueden exagerar o aumentar la curva lumbar.
Un mal hábito corporal, mala postura o una lesión, pueden ser la causa de un desequilibrio en el cuerpo, siendo más vulnerables a sufrir contracturas musculares, sobre todo en la zona de los trapecios y lumbares.


