Esto es lo que me pasó ayer. Dentro de los espectáculos del Grec 09, fui a ver el concierto Datamatics ver 2.0 de Ryoji Ikeda.  Cuál fue mi sorpresa, cuando la chica que iba acomodando a los espectadores en las gradas, iba ofreciendo tapones para los oídos.

Mi cara fue un poema. ¿Tapones para los oídos? ¿Pero no es un concierto audiovisual? Le pregunté asombrada. A lo que ella me respondió: – Bien, sí, pero el sonido es tan alto que hay mucha gente que no aguanta el ruido durante una hora.

Me dejó frita. Yo que me esperaba ir a un concierto de música, resulta que iba a una prueba de resistencia al sonido. Alucinante.

Es la primera vez que me ofrecen tapones para los oídos en un concierto de música. Alguna vez que he ido a la Fórmula 1, o a ver motociclismo en Montmeló, si que me han ofrecido tapones para los oídos, ya que los motores pueden ser ensordecedores y molestos después de media hora de carrera. ¿Pero para un concierto? Nunca me había pasado.

Había comprado esas entradas unos meses atrás, con todos los descuentos posibles, y afortunadamente (o no) para mi, había podido elegir fila 2, para ver y escucharlo mejor.

Después de la aclaración de la muchacha, y al ver nuestra ubicación frente a los monumentales altavoces, decidimos dar marcha atrás, y sentarnos lo más lejos posible del escenario y de los altavoces, por si las moscas.

 Mis premoniciones se hicieron realidad. Fue una hora de sonido estridente, estentóreo, ensordecedor y cargante, acompañado por unas presentaciones visuales abstractas en dos dimensiones, grises, aburridas y poco originales. Me decepcionó. Salí con un dolor en los tímpanos que me duró un buen rato.

Quizá es que no estoy preparada para los conciertos de la «Era Moderna».  Quizá es que a mi edad, mis gustos son más clásicos. No sé. Pero no me gustó nada.

 Después de haber visto el concierto de U2 el día anterior, y Entity el domingo pasado, de las que salí «embobada» porque ambas superaron mis expectativas en lo positivo,  lo que estaba sucediendo me parecía surrealista. Lo que podía haber sido un gran espectáculo, ya que la idea era buena, se convirtió en una experiencia aburrida y decepcionante. Ya digo, que quizá soy yo el problema, y no supe entender la parte artística de esa «representación».

Como colofón a la obra, los espectadores, la mayor parte gente joven muy poco cívica que fumaban sin parar, envolvían toda la atmósfera del Teatre Grec con humo de tabaco y porro. Muy triste, porque estaba prohibido fumar. Había letreros bien grandes donde se mostraba la prohibición de fumar y desde la megafonía se  recordó a los espectadores, la prohibición de fumar y de apagar los teléfonos móviles antes de empezar el espectáculo. Sin comentarios.

Mañana acaba mi ciclo de conciertos de verano, asistiendo a la representación H3, en el Mercat de les Flors. Espero recuperar mi satisfacción por la representación artística a su

salida. Ya os explicaré.

Besos desde mi blog!!!!