Según los últimos datos de la Organización Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), en España más del 18% de los niños sufre sobrepeso y más del 8% son obesos. Hay varios factores que provocan este peso excesivo, pero los hábitos de cada niño influyen considerablemente: la falta de ejercicio y una dieta poco equilibrada suelen ser las causas principales.

El primer paso para que los niños adquieran hábitos saludables es observar el ejemplo de sus padres. Los niños suelen aprender las conductas por imitación, así que si queremos que nuestros hijos aprendan a comer de todo y  realicen actividades saludables, tenemos que predicar nosotros con el ejemplo.

Los niños, al igual que los adultos, deben realizar cinco tomas al día para poder llevar una dieta equilibrada.

Cuando comienza el curso escolar muchas veces, con las prisas, los nervios y los madrugones (sobre todo después de las vacaciones), nos olvidamos de la importancia de realizar y dar a nuestros hijos un buen (y equilibrado) desayuno, (éste debe proporcionar entre el 20 y el 30% de las calorías diarias).

El desayuno es fundamental y debe incluir lácticos (leche o yogur), cereales (mejor integrales) y una pieza de fruta fresca y debe evitar en la medida de lo posible cualquier producto de bollería o pastelería.  Por otra parte, es importante dedicarle un espacio de tiempo para desayunar, sentados y sin prisas (sí, es difícil, pero no imposible). De esta manera, contribuiremos a que nuestros hijos tengan un mayor rendimiento físico y cerebral, a la vez que evitaremos adquieran malos hábitos, que a la larga puedan derivar en problemas de  sobrepeso o obesidad.

 Para la “hora del patio” a media mañana, lo más recomendable es un bocadillo para ayudar a equilibrar la dieta. (Intentad que el bocadillo sea “apetecible”, para que éste no sea una tortura o vaya a la papelera).

Para el almuerzo, deben prevalecer hidratos de carbono (patata, pasta, arroz, legumbres), una ración de verdura y/o ensalada y algún alimento rico en proteínas, como la carne, pescado o huevos. De postre, fruta o lácteo (yogur, flan o natillas).

 Para merendar, es conveniente que no falte una pieza de fruta o un alimento lácteo, o mejor los dos (un batido de leche con fruta es una opción muy sana y a los niños les encanta).

 Y por último, para cenar, se debe completar la dieta llevada a lo largo de la jornada. En función de la toma del mediodía, se debe combinar e incluir algún alimento suplementario, siguiendo la misma fórmula que en el almuerzo pero más ligera. Hidratos de carbono más verdura y algo de proteína. (Por ejemplo, si al mediodía el niño ha comido judía verde con patatas, pechuga de pollo con ensalada de tomate y  como postre una manzana, para cenar podría comer sopa de arroz y verdura con pescado y un yogur de frutas).

La cantidad de alimentos varía en función de la edad del niño,  ya que no come igual un niño de tres años que uno de doce y también puede variar en función de nuestras costumbres, pero es importante prestarle la debida atención, evitando alimentos precocinados, industriales y similar.

Por otra parte, es importante  habituarles a NO tomar caramelos, chicles, ni demás «chuches» ya que tanto su salud como su dentadura se pueden ver perjudicadas con ello. (Hay tanta variedad de gominolas, caramelos y similares en las tiendas y quioscos de «chuches» que solamente de verlos, ya me pongo mala).