El cacao está considerado un alimento divino para algunos (su sabor enamora) y prohibitivo para otros (por las calorías). Si nos trasladamos a la antigua civilización azteca, utilizaban el cacao como reconstituyente para las largas travesías y duras batallas. Para los mayas simbolizaba el vigor físico y la longevidad.

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La cultura del cacao ha continuado extendiéndose a través de los siglos hasta llegar a nuestros días. Su evolución ha dado tantas vueltas, que ahora ya podemos encontrar en el supermercados decenas de tipos de chocolate con sus respectivos porcentajes en cacao bien visibles. (Cosa impensable en los años 70).

No hay que confundir chocolate con cacao. A pesar de que el chocolate está compuesto por cacao, muchas veces su contenido en este último, puede brillar por su ausencia. La manteca de cacao, azúcar, leche y/o frutos secos pueden ser algunos de los nutrientes que complementan su composición.

¿Chocolate? Sí, pero una o dos onzas al día (no hace falta comerse una tableta entera) y siempre con una peculiaridad: que tenga como mínimo un contenido en cacao del 75% o más.

El cacao y por consiguiente, el chocolate negro  contienen feniletalamina, (o PEA) una sustancia química que se produce de forma natural en el cerebro emocional colaborando a mantener los niveles de esta sustancia, altos en el organismo.  Os habéis quedado igual. ¿no?

Diversos estudios señalan que cuando estamos en un estado de felicidad cuando estamos enamorados, los niveles de feniletalamina aumentan considerablemente, por lo que en este caso el cacao sería como un pequeño parche para el cerebro cuando los niveles de esta sustancia están por los suelos. (De ahí la fama de que el chocolate puede funcionar como antidepresivo natural).

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Una historia de amor comienza en una parte del cerebro llamada sistema límbico (o cerebro emocional). Esta región cerebral se encuentra en el centro del cerebro y controla nuestras emociones.

Dentro del cerebro emocional, el hipotálamo es la región que libera al ingrediente esencial del enamoramiento: un neurotransmisor llamado feniletalimina (o PEA, en las siglas inglesas de phenylethylamine).

Su acción, (similar a la provocada por la anfetamina), explicaría esa sensación de euforia, exaltación y bienestar que acompaña a todo buen enamorado.

Pero la feniletalamina no trabaja sola. Otras de las sustancias que se liberan mediante  la acción de este neurotransmisor son la dopamina, la noradrenalina y la serotonina.

La feniletalamina, al igual que el magnesio, ayuda a mantener los niveles de la dopamina, el neurotransmisor del cerebro responsable del gusto, la seducción y el placer.

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El rol del cacao para aumentar la feniletalamina y los niveles de dopamina es en parte, una de las respuestas de por qué el chocolate se considera como un afrodisíaco y también un placentero antidepresivo.

¿Y vosotros os gusta el chocolate? ¿Soléis tomarlo a menudo? Yo, reconozco que me encanta. Aunque suelo tomar cacao amargo o chocolate con un contenido del 90% en cacao (mínimo) y sin azúcar. Su sabor es un tanto amargo, pero delicioso….  Estaré encantada de leer vuestros comentarios!!!

Besos desde mi blog!!!!

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