A pesar de que ya he hablado de ella en diversas ocasiones, todavía recibo consultas sobre la quinoa, por lo que me ha parecido interesante volver a recordar las propiedades de este maravilloso cereal que en realidad no lo es (luego os cuento el porqué).

La quinoa es un alimento muy valorado dentro de las dietas vegetarianas, macrobióticas, así como para las personas que siguen un régimen sin gluten, ya sea por intolerancia o por decisión personal, cosa de cada vez está más de actualidad (ya os hablaré de ello en otro post).

La quinoa, o quinua, significa en quechua ‘cereal madre’. Se le denomina pseudo-cereal porque no pertenece a la familia de las gramíneas (en dónde están incluidos los cereales “tradicionales”). A pesar de ello y debido a su aspecto similar al de un cereal y su alto contenido de almidón, su uso se considera como el de un cereal, tratándolo como tal.

Fue cultivada en los Andes peruanos, ecuatorianos y bolivianos desde hace unos 5.000 años, y todavía sigue siendo uno de sus principales alimentos en Chile, Perú y Bolivia, entre otros.

La quinoa posee 10 aminoácidos esenciales. El promedio de proteínas en el grano es de 16%, pero puede contener hasta 23%, esto es más del doble que cualquier otro cereal. Su promedio de proteínas es más del doble que cualquier otro cereal, convirtiéndolo en una excelente fuente de proteínas de alta calidad, (necesarias entre otras cosas, para el crecimiento y reparación de los tejidos).

El porcentaje de grasa contenida en el grano es de 4 a 9%, de los cuales la mitad contiene ácido linoleico, esencial para la dieta humana. También contiene un alto nivel de calcio, fósforo, hierro, magnesio y vitaminas del grupo B y C.

Todo ello contribuye a que la quinoa sea un alimento muy completo, muy indicado en dietas vegetarianas y macrobióticas, así como en la dieta de niños y personas mayores, debido a su gran digestibilidad.

Poco a poco va ganando adeptos en la cocina tradicional debido a su versatilidad en la cocina, siendo altamente recomendable en la dieta de niños, mujeres embarazadas y personas mayores, debido a sus propiedades nutricionales y su gran digestibilidad.

Su preparación es muy sencilla y similar a la del arroz: dos medidas de agua por una de quinoa, dejando cocer a fuego lento en agua (o caldo) hirviendo hasta que éste se consuma (de 12 a 15 minutos aproximadamente).

Para que la quinoa quede más gustosa y sabrosa, previamente se puede dorar en una sartén con aceite de oliva, removiendo sin cesar, para luego cocerla tal como he comentado. De esta manera adquirirá matices de avellanas y nueces. Exquisita!!!

Una vez cocida, podéis saltearla con unas verduritas (judía verde, pimiento, zanahoria, berenjena, calabacín, cebolla, ajo, etcétera..)  cortadas a daditos o en juliana, previamente doradas en una sartén con un poquito de aceite de oliva. Voilá!!! Habréis preparado un entrante o plato principal (en función de la cantidad), delicioso, nutritivo, sano, exquisito y bajo en calorías!!

Dos detalles muy importantes a tener en cuenta a la hora de cocinar la quinoa son:

1.-) antes de cocer la quinoa es conveniente lavarla, para que no produzca espuma saponaria durante la cocción.

2.-) la sal debe ser añadida una vez acabada la cocción. Os aconsejo que más bien pongáis poca, y vayáis rectificando, por si acaso.

¿Y vosotros? ¿Conocíais las propiedades de la quinoa? ¿Cómo la soléis preparar? Estaré encantada de leer vuestros comentarios!!!

Besos desde mi blog!!!

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