Durante el verano, los niños suelen descuidar un poco su dieta, ya que los helados, refrescos con azúcar, chucherías, bollería y bocadillos suelen predominar muchas veces (aunque no siempre).

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Queramos o no, hay niños que son más quisquillosos ante la comida. (Sin ir más lejos, recuerdo que mi hija era una de esos niños. Conseguir que comiera verdura era todo un triunfo. Aunque, con paciencia e imaginación, finalmente lo lográbamos).

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Pero volviendo al tema principal: uno de los comportamientos habituales en los niños es su carácter puntilloso ante la comida. Se sienten llenos antes de sentarse a la mesa, no disfrutan probando nuevos alimentos y deciden que algo no les gusta sin haberlo probado previamente. Los malos hábitos alimenticios en los más pequeños son uno de los grandes problemas a los que se tienen que enfrentar los padres, ya que un problema tan aparentemente liviano puede desembocar en obesidad infantil, deficiencias nutricionales o un menor crecimiento.

La dieta de los niños debe ser variada, sana y equilibrada. No deben faltar alimentos como cereales, lácteos, frutas, verduras, huevos, grasa, aceite de oliva, pescado y carne. En este sentido, cereales como el arroz y el maíz cobran una importancia capital en los bebés por no tener gluten y por su considerable aporte de nutrientes. Igual sucede con la quinoa, otro grano sin gluten que añade una excelente cantidad de proteínas vegetales.

Por otra parte, el Ministerio de Sanidad en España puso en marcha meses atrás el «Movimiento Actívate«, basado en la prevención de la obesidad entre los jóvenes y en su apuesta por una «alimentación saludable, variada y equilibrada».

A continuación, y tomando como punto de partida la guía de alimentación infantil y juvenil Medicadiet, se muestran las 10 claves que todos los padres deberían seguir para educar a sus hijos hacia una buena alimentación:

-1.-     El niño, partícipe de la comida: es recomendable que los más pequeños ayuden a hacer la lista de la compra, a preparar la comida y a poner la mesa. En definitiva, que estén en contacto directo con todo tipo de alimentos para despertar su curiosidad por probarlos. Es fundamental acostumbrarles a una variedad de sabores a partir del momento en que dejan la lactancia.

2.-   Comer en familia: el niño aprenderá viendo cómo comen los mayores y cómo se relacionan en la mesa. Para ello es primordial coincidir toda la familia entre tres y cinco veces a la semana.

3.-    Cinco comidas: que los niños tengan energía para todo el día se consigue con la ingesta de cinco comidas: desayuno, tentempié de media mañana, comida, merienda y cena. El desayuno es clave pues aporta más del 25% de la energía diaria.

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4.-   Acabar con la bollería: moderar el consumo de dulces, bollería, golosinas y alimentos muy salados. El tentempié de la mañana y la merienda son los dos momentos críticos del día al respecto. Es aconsejable sustituir estos productos por frutas o pequeños bocadillos con el fin de que no desaparezca el hambre para las comidas principales.

5.-     Sin televisión ni juegos: comer delante del televisor distrae a los niños, lo que provoca que coman más de lo que realmente necesitan. Deben estar centrados con sus cinco sentidos en el principal objetivo de ese instante, que no es otra cosa que comer.

6.-     Agua y más agua: es la única bebida necesaria para el niño a pesar de lo llamativo y muchas veces coloridos que son los batidos, zumos o refrescos. Los zumos naturales son una muy buena opción para el desayuno.

7.-     Imaginación al comer: existen alimentos que no son especialmente visuales para los más pequeños. Los niños deben disfrutar mientras comen, para lo que la imaginación resulta fundamental. La comida debe entrarles por los ojos.

8.-     Ejercicio físico: es el complemento ideal para una buena alimentación y puede ayudar para prever el sedentarismo en los más jóvenes. Las actividades extraescolares, ya sea práctica de fútbol, baloncesto o cualquier otro deporte son muy beneficiosas para los niños. Además, según el propio Ministerio, la práctica de actividad física «reduce los comportamientos sedentarios en las actividades físicas y de ocio».

9.-     La comida no es un castigo: los niños deben tener una relación lo más sana posible con la comida. Si un día tienen menos apetito, es contraproducente obligarles a tomar una mayor cantidad; se corre el riesgo de que ese producto entre directamente en la lista de los que no volverán a probar.

10.-    Pequeñas victorias: los padres deben reconocer los avances de sus hijos a la hora de comer, ya sea por tardar menos, ayudar a poner la mesa o probar algún nuevo alimento. Felicitarlos hará que lo quieran repetir la próxima vez.

Cuidar la alimentación es básico a cualquier edad. Bebés, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad deben apostar por una dieta equilibrada para que el organismo funcione con total plenitud. Y recordad, según refleja la clínica en su guía sobre alimentación, cuando se es sólo un niño, uno necesita pasar por las fases «mis papás me cuidan, mis papás me enseñan y aprendo a hacerme responsable de lo que como«. Si se cumplen, en un futuro nunca se tendrá un problema asociado a la alimentación.

Besos desde mi blog!!